Del anime al J-Horror; del surrealista género Kaiju a las historias protagonizadas por la Yakuza, el cine japonés ha sido capaz de amalgamar en más 100 años de historia un entramado de cintas que se caracterizan por su originalidad, creatividad y capacidad de abarcar un amplio abanico de públicos. Ahí están los que prefieren el cine épico de Akira Kurosawa, los grotescos relatos de ultraviolencia de Takashi Mikke, el cine mudo de Mikio Naruse. Las historias llenas de fantasía del maestro del anime Yoshiaki Kawajiri o las fantasías eróticas de tipos como Nagisa Oshima, que dieron vida a uno de los géneros más importantes del cine japonés de todos los tiempos: los Pink Films.


Estas cintas tuvieron su auge entre 1960 y hasta 1980. Al contrario de las cintas eróticas o pornográficas de Occidente, los pink films cuidaban en demasía su estética y estaban lejos de ser historias únicamente con ingredientes sexuales; aun así dominaban los temas sadomasoquistas o de prostitución. Sus cuidadas escenas eran capaces de transportar a los espectadores no sólo a una excitación sexual sino también sentimental y hasta espiritual, ya que muchos de los filmes más representativos del género estaban dotados de una fuerte carga filosófica.


Pink Film: el género japonés & mentes más perversas


Los personajes de este subgénero son una mezcla por demás atractiva: geishas, prostitutas, mafiosos y demás seres pertenecientes al underground de Tokio y otras ciudades importantes de Japón. Cintas como ?Manji? (1964), dirigida por Yasuzo Masumura, es uno de los trabajos sobre lesbianismo más célebres y exquisitos de la cinematografía mundial. La veneración por lo femenino y sus misterios se despliega de manera inmejorable en este clásico del cine gay. La bella y trágica historia entre una modelo y una mujer casada es comparable con pocos relatos cuyas escenas de sexo y amor brillan por su estética meditada.


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Uno de los primeros ejemplos de este género, que rápidamente se convirtió en placer visual para las mentes más ávidas de sexo y arte, fue ?Inflatable Sex Dolls of the Wasteland?, filme de 1967 dirigido por Atsushi Yamatoya, que es la vertiente surrealista y experimental de los pink films. En la cinta, un detective va tras la pista de una mujer por órdenes del marido de ésta. Cuando ella y él se conocen, una explosión de atracción sexual se da al instante de manera inevitable. Algunas de las escenas más extrañas de sexo se hacen presentes en esta cinta, imperdible para quienes gusten del cine negro con altas dosis de erotismo.

Diez años después nacería una de las historias fundamentales del cine japonés: Nagisa Oshima filmó en 1976 ?In the Realm of the Senses?, cinta que se erige como uno de los más gloriosos ejemplos de cine erótico de todos los tiempos. Es algo más que un simple pink film; es un material que experimenta con los sentimientos del público, la energía de un relato y el poder de la imagen. La intensidad sexual se contrapone a la refinada elegancia con que Oshima trata cada cuadro de sus relato lleno de imágenes explícitas de felaciones, relaciones sexuales en las que los amantes se estrangulan y voyerismo. Si existe una perfecta mezcla entre lo erótico, lo enfermo y lo elegante, pocos productos pueden competir con esta cinta, la cual no ha perdido ni un poco de su capacidad de asombrar y excitar a partes iguales.



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Tendrían que pasar largos años para que en Japón alguien diera el paso definitivo de mostrar la decadencia visual y social de un Tokio sumergido en luces neón, un intenso tráfico de automóviles y los deseos más perversos de sus habitantes. Otro gran ejemplo del género es la cinta dirigida por el también novelista Ryu Murakami: ?Tokyo Decadence? (1992). En ella, la historia nos sumerge en el ambiente del sadomasoquismo pero no de manera salvaje sino todo lo contrario: sutil, hermosa, contemplativa y reflexiva. Una joven mujer es la figura central de una historia que se desarrolla en la majestuosidad del Japón moderno y en la ambigüedad más absoluta del deseo. A pesar de su profunda elegancia, las mentes más sexuales no se verán decepcionadas ante el poder y sensualidad de esta historia que deja poco a la imaginación.


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La intención de crear cintas de consumo rápido y producción barata, que se vieran libres de los costos de distribución en salas de cine, dio pie a la realización de pink films de bajo presupuesto y descuidada apariencia, cobijados por diseños de portada francamente vulgares y títulos que dejan poco a la imaginación: ?Naked Desire?, ?The japanese wife next door?, ?Educating Juna?, ?Milk the maid?, ?Ninja Pussycat? o ?Whore Angels?. Este tipo de filmes rompen con la estética y el sentido artístico de la etapa dorada de la corriente, al poner como prioridad el sensacionalismo por encima de lo filosófico. Estas nuevas producciones son realizadas por jóvenes directores que se echan a cuestas guiones de dudosa calidad, protagonizados por actores de escaso renombre y reducida experiencia. Cercanas al porno más occidental, estas películas llegan directamente al formato de video. Su audiencia está formada por espectadores que poco interés tienen en historias profundas y críticas y que buscan "argumentos" donde las escenas de sexo explícito llevan el peso del relato.


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Esta nueva era de pink films ofrecen un pobre entretenimiento antes que calidad; morbosidad sobre un relato pensante. Son la versión japonesa del "cine de ficheras" mexicano hecho con recursos bajísimos y escuetas dotes cineastas. Las mentes más perversas obtuvieron sus dosis de extravagancia y erotismo a partir de este género, producciones que han marcado una manera de pensar y de disfrutar el cine venido de tierras lejanas de oriente.